El militar afirma que el gobierno de Estados Unidos lo ha dejado a su suerte tras abandonar el Ejército.
Phil Bronstein se ha pasado casi un año compartiendo momentos con uno de los grandes héroes estadounidenses, aunque no puede dar su identidad. Sólo es el “Shooter” o el tirador.
El Navy Seal que le mató ya ha dejado el cuerpo y a Bronstein le explica que no tiene ni pensión ni cobertura sanitaria. El gobierno de Estados Unidos lo ha dejado a su suerte.
Este militar sin nombre le pegó tres tiros al enemigo público número uno de Estados Unidos. Sólo entonces recordó que en uno de los bolsillos llevaba la botella repleta de orina.
En el helicóptero, en medio del vuelo desde Jalalabad (Afganistán) a Abbottabad (en Pakistán, donde residía Bin Laden), sintió la presión y comprendió que necesitaba mear. Buscó la solución sin decir nada.
“Si me hubiesen matado en una operación, mi familia (tiene hijos y una ex esposa con la que aún comparte casa) estaría cobrando, pero como he vuelto, no tengo nada”, confesó.
Su peripecia vital, en la que ha dejado numerosos cadáveres en el camino, pero todos anónimos salvo el jefe de Al Qaeda y organizador de losa atentados del 11-S del 2001, y su desventurado retiro –desde el pasado septiembre- se recogen en un largo artículo que publica la revista Esquire firmado por Bronstein.
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