Hipólito Mejía tiene su forma, su estilo, sus peculiaridades... Y malas no pueden ser todas sus condiciones porque con ellas llegó a la Presidencia de la República, que se supone es la aspiración cumbre de todos los líderes políticos.
El problema es su persistencia machacona, recurrente, inextinguible contra Leonel Fernández, como si Leonel Fernández fuera la razón de todos sus males y problemas políticos y personales.
Quienes conocen íntimamente a Hipólito ñy nadie ignora que yo lo conozco como pocosñ, saben que Hipólito es un ser humano incapaz de calcular una maldad contra nadie y que en la amistad es solidario hasta el perjuicio personal. Y así ha sido desde muchacho.
Lo que nadie conocía de él era esa extraordinaria capacidad para odiar, para aborrecer hasta el pecado, para difamar y atentar olímpicamente contra honras ajenasÖ Precisamente él, que tanto defiende la honra propia, la de sus hijos, la de toda su familia.
Por eso resulta inexplicable que ya en el otoño de su existencia, Hipólito conserve tan a flor de labios las descalificaciones y acusaciones groseras contra sus adversarios políticos cuando ninguno de ellos ha proferido nunca contra él ningún tipo de insulto o prohijado persecuciones.
Al que recuerdo...
Las experiencias personales que tuve al lado de Hipólito en aquellos lejanos años de mi mocedad profesional en Agricultura, consolidaron mi formación y creencia sobre el respeto por la dignidad humana.
Porque él se hizo respetar, a pesar de su desenfado juvenil e inexperiencia, en una sociedad poco dada a dignificar la función pública porque aún no salía de la resaca del gobierno poco democrático de los 12 años de Balaguer cuando los secretarios de Estado eran semidioses
por.César Medina.
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